martes, 16 de marzo de 2010

BAJO PERFIL (Parte II). ¿POR QUÉ ALGUNOS NOS OPUSIMOS AL TIPO DE CONSTRUCCIÓN DE LA NUEVA SEDE DEL MUSEO DEL INSTITUTO DE ZOOLOGÍA AGRÍCOLA

BAJO PERFIL (Parte II). ¿POR QUÉ ALGUNOS NOS OPUSIMOS AL TIPO DE CONSTRUCCIÓN DE LA NUEVA SEDE DEL MUSEO DEL INSTITUTO DE ZOOLOGÍA AGRÍCOLA FRANCISCO FERNÁNDEZ YÉPEZ (MIZA-UCV), DE LA FACULTAD DE AGRONOMÍA DE LA UCV. Esta es la historia que sólo busca resguardar el buen nombre de aquellos que dedicamos mucho esfuerzo trabajando por el MIZA y fuimos excluidos por intereses mezquinos, ambiciosos y politiqueros. Cuando inicié mi labor, en 1975, como profesor-investigador de la Facultad de Agronomía de la UCV, una de las cosas que me propuse fue rescatar la colección de animales no insectos que reposaba descuidadamente en un pequeño cuarto. Estando desde niño ligado a las actividades de colecta de especímenes con fines científicos en compañía de mi padre, Alberto Fernández Yépez, amante de las aves y mamíferos; de mis apreciados tíos Agustín Fernández Yépez, pionero de los estudios de peces en el país; Francisco Fernández Yépez, destacado entomólogo venezolano y Víctor Badillo Francieri, no menos famoso por sus estudios botánicos; tenía que sentirme atraído, por todo lo que significa el valor de una colección científica en el mundo de la ciencia y a ello dediqué gran parte de mi tiempo. La colección de insectos, aún sin nombre propio, era la estrella de la institución y a ella dedicaban mucho tiempo, además de mi tío Francisco, prestigiosos entomólogos que conocía ya desde mis tiempos de estudiante, como Carlos Julio Rosales, René Lichy, Eduardo Osuna, Jan y Bohumila de Bechyne, Janis Racenis, Jorge Terán, Alfredo Dascoli y otros aficionados a los insectos o investigadores de otros países. Años más tarde, formaría parte de la misma, estudiando y dando clases de postgrado sobre los homópteros. Pero mi mayor vocación eran los vertebrados y sabía que la colección de aves había sido la primera creada en el Instituto, por Ventura Barnés Jr. en 1937, fecha reconocida más tarde, en la “III Reunión de Colecciones y Museos de Zoología de Venezuela” como la fundación del hoy Museo del Instituto, uno de las más antiguos del país, ya con 73 años. La colección de insectos se inicia mucho más tarde, en 1949, cuando Francisco Fernández Yépez ingresa a la Facultad y dona su colección particular de unos 20.000 ejemplares, que con el tiempo se transformó en una de las más importantes de Latinoamérica. En la colección de aves trabajaron Alberto Fernández Yépez y más tarde Gerardo Yépez Tamayo, siendo mucho después ampliada con colecciones de peces, anfibios, reptiles y mamíferos. Por resolución del Consejo de la Facultad la Colección de Vertebrados fue bautizada con el nombre del Alberto Fernández Yépez y por propuesta de la Sociedad Venezolana de Entomología, la Colección de Insectos con el de Francisco Fernández Yépez. Con nuevas líneas de investigación en el Instituto surgieron colecciones de nematodos, ácaros, crustáceos, moluscos y otros grupos animales. Poco a poco, cada una de ellas alcanzó importancia en el mundo científico de su especialidad. A pesar de ello, las citas y siglas utilizadas y la asignación de números para los ejemplares eran muy variables, por lo que, de forma natural surgió la necesidad de definir un nombre único de uso internacional y de agrupar todas las colecciones en un solo Museo. Idea que ya tenía en mente Francisco Fernández Yépez, quien falleció en 1986. Así, el 21 de junio de 1989, el Consejo Técnico del Instituto aprueba no sólo el nombre de “Museo del Instituto de Zoología Agrícola de la Facultad de Agronomía de la Universidad Central de Venezuela” y utilizar las siglas “MIZA-UCV”, sino también la integración de todas las colecciones en tres secciones, sus primeros reglamentos, su organigrama y la creación de los cargos de tres Jefes de Secciones, uno de los cuales sería el Director del Museo y de los Curadores (Encargados de colecciones particulares). Muy importante resultó la creación de la nueva figura de “Curadores”, la cual permitió integrar al Museo a investigadores que no necesariamente fueran personal de la Facultad. A pesar de que me contaba entre los que pensaba que el primer Director de esta nueva organización del Museo debía ser el Jefe de la Sección de Insectos por ser la colección más grande e importante, ninguno de los que podían ser postulados mostró interés y hubo consenso en nombrarme, primero Jefe de la Sección de Vertebrados y luego en el cargo de Director. Para entonces, existían muchas personas formando un excelente equipo de trabajo como nunca más ha existido. Comenzó así la reorganización de colecciones en nuevos espacios, reuniones periódicas con su libro de actas respectivo y una participación más entusiasta de los Curadores, que incluyeron personas de otras instituciones, aficionados coleccionistas de conocida trayectoria e incluso estudiantes que habían demostrado vocación por estudiar grupos particulares. Pronto fue planteada la necesidad de contar con un edificio propio para el Museo y todos coincidimos que debía ubicarse dentro de los espacios del Instituto. Se aprobó utilizar los planos existentes en el Ministerio de Desarrollo Urbano que habían sido utilizados para construir los edificios para viviendas en la Urbanización El Paseo, con los cuales se podían hacer modificaciones para adecuarlos a las necesidades de las colecciones y disminuiría significativamente los costos de la obra. Así se realizó el proyecto, con planos y cálculos preliminares para los espacios básicos que se requerían para las tres secciones del Museo. Al término de mi gestión ya estaba clara esta idea y había consenso para construirlo en el estacionamiento posterior del Instituto y evitar su desvinculación física con el mismo. En 1991 debía comenzar la gestión un nuevo Director del Museo. Ya un profesor recién llegado del exterior donde había concluido su doctorado, con una indiscutible dedicación a la entomología, había manifestado su interés en ocupar el cargo y era el lógico candidato, pero su comportamiento prepotente, egoísta y sus claras ansias de poder hacían dudar a todos, sin excepción, de la conveniencia de su nombramiento. Los miembros del MIZA realizamos una reunión privada, fuera de la Universidad y en su ausencia, para discutir tal decisión y sólo después de varias horas y ante la negativa de otros entomólogos de asumir el cargo, todos, algunos con desconfianza, aceptamos darle la oportunidad y finalmente asumió el cargo de Director. Todo cambió, oponiéndose al proyecto existente invitó a unos arquitectos de la empresa de la Facultad de Arquitectura para que nos dictaran una charla de lo que podrían hacer ellos para hacer una gran sede para el MIZA. Nada que ver con el modesto proyecto que teníamos en mente y lo más grave es que, además de ser muy costoso, ya se habían adelantado planos, contratos y supuestamente solicitudes de financiamiento sin ningún tipo de consulta. Desde ese momento algunos nos mostramos opuestos por considerarlo un proyecto muy ambicioso, oneroso, ostentoso y sobre todo porque la propuesta era de un edificio tan grande que debía ser ubicado fuera del área de nuestro trabajo, lo que para algunos significaba que a futuro afectaría nuestro Departamento, Instituto y Postgrados. Hábilmente siguieron reuniones informales, sin convocatorias, sin actas y sólo con los investigadores que, por diversas razones no muy académicas, apoyaban o eran indiferentes ante el nuevo proyecto y poco a poco los que nos opusimos fuimos marginados. Las diferencias, lejos de quedar como diferencias de opinión, pasaron a afectar las relaciones de trabajo y amistad, las cuales ya estaban deterioradas por los que cuestionamos el comportamiento poco cortés y grosero del Director, que llegó incluso a formular críticas infundadas y muy destructivas en contra de las labores de algunos compañeros de la institución e incluso algunas ante autoridades gubernamentales. Estas irregularidades fueron permitidas por varios miembros del Instituto y por algunas autoridades universitarias, que prefirieron mantenerse al margen y no asumir posiciones difíciles con políticos e instituciones influyentes ajenas a la Universidad. En Septiembre de 1993, me tocó asumir la Jefatura del Departamento y la Dirección del Instituto de Zoología Agrícola y solicité a los miembros del MIZA que debíamos reunirnos para elegir un nuevo Director del Museo, que ya correspondía para un nuevo período, pero de nuevo nadie quiso asumir tal responsabilidad, en particular para no tener conflictos con las gestiones de la construcción de la nueva sede y se dejó al mismo Director, quien siguió, abusando de su poder, con sus gestiones personales para la nueva sede, moviendo influencias y sin tomar en cuenta al Instituto, ni seguir los canales regulares, llevando la propuesta directamente hasta las autoridades rectorales, quienes creyeron en su factibilidad, sus probables financiadores y como muchos, vieron la posibilidad de ser protagonistas de la impactante pero muy costosa obra propuesta. La mayoría no estaba enterado de nada de lo que estaba sucediendo, hasta que el problema se agravó, el 17 de octubre de 1994, cuando en una reunión convocada al personal por el propio Director del MIZA, cuestión no tradicional para convocar una Asamblea Departamental, se planteó que no era conveniente que el nombre del Museo estuviese asociado con el del Instituto, la Facultad, ni la Universidad, debido a que le restaba posibilidades en la búsqueda de financiamientos extra-universitarios para la construcción del costoso edificio. Proponen entonces que el MIZA sea rebautizado con el nombre de "Museo Francisco Fernández Yépez", a lo cual, muchos nos opusimos por considerarlo una posición poco universitaria y un insulto a la memoria del propio Francisco, quien jamás hubiese estado de acuerdo con separarlo de la Facultad y menos mezclar su nombre con actividades mercantilistas contrarias a los principios universitarios. Algunos propusimos que se mantuviera el nombre de Francisco Fernández Yépez para la Colección de Insectos, tal como ya estaba establecido en un merecido homenaje de la Sociedad Venezolana de Entomología hace años atrás. La discusión fue muy prolongada y desagradable y finalmente se aprobó, la propuesta conciliadora, de darle el nombre de "Museo del Instituto de Zoología Agrícola Francisco Fernández Yépez de la Facultad de Agronomía de la Universidad Central de Venezuela" y sus siglas “MIZA-UCV”. Temiendo que el grupo que seguía con una posición muy alejada del espíritu universitario no acogiera lo aprobado, se propuso y así quedó aprobado por el Consejo Técnico del Instituto, que el nombre de Francisco Fernández Yépez y el del Museo del Instituto de Zoología Agrícola fueran "inseparables". Algunos llegaron a tal grado de bajeza que informaron a mis primos hermanos, hijos de Francisco, que yo me había opuesto a que el Museo llevara el nombre de mi tío, sin dar mayores explicaciones de las verdaderas razones. En 1995 el Director del MIZA viajó al exterior y al no dejar a nadie encargado, sus miembros nombramos un sustituto para un nuevo período y pasamos un año sin mencionarse de nuevo el proyecto de la nueva sede, pero al regresar retoma las discusiones y asume una posición mucho más personalista, tratando de destruir cualquier opinión contraria a sus claros deseos de ser protagonista e iniciando diligencias inconsultas para conseguir recursos económicos en instituciones privadas, donde tenía contactos influyentes. Apoyado por sus contactos con la Gobernación de Aragua, logra que ésta prometa recursos y publique en la prensa local una solicitud de inscripción de empresas interesadas en la licitación para ejecutar la construcción del “Museo de Zoología Francisco Fernández Yépez”, sin mencionar al Instituto, la Facultad ni a la UCV, lo cual consideramos de extrema gravedad y decidimos denunciarlo ante el Consejo de la Facultad, quienes aprobaron ratificar el uso del nombre completo. Ante las voces de protesta por tantas irregularidades, en 1998 un nuevo Director del MIZA solicita un derecho de palabra para informar sobre el proyecto, derecho que delega en el ex-Director desarrollándose en un ambiente conflictivo, por lo que el Consejo decide nombrar una comisión para investigar y conocer la legalidad de los procedimientos relacionados con la construcción de la nueva sede. Inexplicablemente la comisión concluye que sólo hay problemas personales y de falta de comunicación y días después, en el propio Decanato, se efectúa una reunión con representantes gubernamentales y de la empresa privada para crear una supuesta Fundación para apoyar las gestiones para buscar recursos económicos. Sintiéndome, como otros, frustrado e impotente ante el poder político y económico que apoya el monumental proyecto, debemos enfrentar de ser acusados de tener una posición personal y no, como creíamos, totalmente universitaria. Por ello, algunos decidimos no involucrarnos más ni continuar objetando nada de este absurdo proyecto que pronto comenzó a edificarse, lógicamente con frecuentes interrupciones por la falta de recursos y saqueos vandálicos por falta de vigilancia. La lenta obra sobrepasa ya los 12 años de haberse iniciado y aún está inconclusa. Esta falta de voluntad política, de posiciones cómplices o de indiferencia hacia la solución de los problemas institucionales con mayor prioridad, entre otras posiciones que he considerado inmorales y anti universitarias, me llevaron a precipitar mi solicitud de jubilación en el mes de octubre de 2000. No contentos con esto, luego impidieron que continuaramos trabajando dentro de la estructura del MIZA. Todavía muchos seguimos creyendo que es más importante la diversificación, preservación, identificación y uso científico de los especímenes, que el lujo del lugar donde se guardarán. Hoy algunas colecciones están casi totalmente perdidas por falta de atención. Por ello mi posición, aunque me duela muchísimo lo que está sucediendo, es de bajo perfil y espero que alguna mente lúcida pueda hacer algo para salvar, si todavía es posible, las colecciones de vertebrados, moluscos, arácnidos, crustáceos y otros grupos. Todo parece indicar que el MIZA será un Museo sólo de insectos y que las actuales instalaciones del Departamento, Instituto y Postgrado quedarán en la soledad. ¡Ojalá esté equivocado! Nota: Todo lo aquí señalado puede ser constatado en las actas del Consejo de la Facultad de Agronomía, del Consejo Técnico del Instituto y el libro de actas de reuniones del MIZA.

1 comentario:

Jorge dijo...

Es indiscutible que el MIZA (Insectos) crecio "a la sombra" que le proporcionaba el prestigio de Francisco Fernandez Yepez. Era absolutamente logico que el MIZA "adoptara" o "cobijara" a las colecciones "menores", que no por tener menos ejemplares, eran "despreciables" (Entiendo que tiene -o tenia?- tipos de peces, aves, anfibios). Era ademas, de toda logica, que el MIZA -con todas sus colecciones- creciera asociado con el Instituto de Zoologia Agricola, en el cual nacio!
Realizar una obra "faraonica" para satisfacer algun ego personal, y el descuido y abandono de las colecciones de animales "No-Insectos" lo unico que ha demostrado es indiferencia, mediocridad y poco apego al conocimiento cientifico.

La misma coleccion entomologica, que esta aun a buen resguardo, no esta cumpliendo a cabalidad su mision (salvo en honrosos casos). Se de varios investigadores que han intentado visitar a la coleccion para estudiar algun material y no han podido tener acceso por no conseguir quien los atienda.
A eso le podemos agregar el esqueleto de Museo, vandalizado y deteriorandose a la intemperie, a la entrada de la Universidad y sin relacion fisica con el Instituto de Zoologia Agricola.
Si el Museo se hubiera construido en el area de influencia del Instituto, no dudo que estuviera activo y cumpliendo sus funciones a cabalidad y alojando todas las colecciones (Invertebrados y Vertebrados), muy posiblemente sin la perdida de ningun material.
Pasaran 13 años mas?

"Hay dos tipos de personas: los que pasan por la vida sin dejar huella y los que la dejan. Entre los segundos, los que pueden crean y los que no son capaces de tanto, destruyen." COM&IC(José Carlos León)